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Crónicas Pachecas: El tío

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Ser como se “es” sin perder el estilo es una faena en donde tus proezas pueden perderse en el mar de historias (sicum dixit: Cristina Pacheco) que suelen tejerse todos los días en esta ciudad de la cual se relatan crónicas que chorrean sangre en los periódicos, pero que nos aíslan de las que en verdad valen la pena contarse y esta es una de ellas (basa en hechos reales… bueno no tanto).

El final de del Tío Gregory fue el inusual como todos en la familia lo esperaban – menos yo – se iría viajando a las entrañas del infierno – como el mismo decía – con una sobredosis de sustancias de las macizas, que empezó a consumir desde su juventud, nadie puso mayor atención durante su sepelio que estuvieron llorándole 5 mujeres vestidas de negro, las cinco viudas con las que procreo hijos y todos sus descendientes desde el mayor hasta el más imberbe le lloraron su partida; en el llamado camposanto ante una concurrencia sumamente indiferente con una tranquilidad que se les notaba, algunos entre dientes susurraban: “así ya no se meterá en más broncas”.

Y es que las broncas eran su especialidad.

Una de las pocas certezas que he tenido en la vida es que todos de niños hemos idolatrado a algún adulto que por sus hazañas, personalidad o por el simple hecho de ser tus padres o hermanos quisiéramos ser como ellos; a mí me sucedió con el tío Gregory... en su plenitud fue hippie y le puso macizo a las sustancias; era la onda incluso cuando tuvo aquel accidente, nunca perdió el estilo.

Durante su segundo matrimonio se receto con su pareja unas batallas campales que los mismísimos luchadores de la triple AAA les hubiesen envidiado, cuando la Tía Florichenda cumplió quince años en pleno Vals de agradecimiento a los padrinos él, demostrando que sí sabía bailar sobre las olas y al ritmo de: un-dos-tres, un-dos-tres, un-dos tres, el mismísimo lago de los cisnes hubiese envidiado la gracia de los bailarines en su un-dos-tres… pero la fatalidad entró por la puerta grande con sendo sartén y voz en cuello la temible voz supero la melodía del tocadiscos, era su mujer: 

!!!PINCHE GREGORIO DONDE ESTÁS¡¡¡

Queriendo esconder su humanidad detrás del vestido azul esponjado por la popelina, fue descubierto como si no lo estuviesen buscando y ¡CUAZ! El primer sartenazo cayó sobre su espalda, en tanto que la quinceañera solo se hizo a un lado.

¡¡¡Órale cabrón que no has lavado los trastes!!! / Espérate pinche vieja no ves que es la fiesta de mi hermana / me vale madre primero ve a hacer lo que te toca y ¡Cuaz¡ de nuevo ; Invitados y anfitriones solo atinaron a decir y otros a pensar: ¡Ay wey¡

Pero muy machito ya estando en la calle se rifaron un tiro y la fiesta siguió, su madre siempre dijo que aquella era una mala mujer que no le convenía a su hijo que si bien no era perfecto por lo menos servía de mal ejemplo a las futuras generaciones, y así fue.

Parrandero, Mujeriego y jugador, bien chipocles no le abría al parche cuando de demostrar valentía se trataba y lo ilustró infinidad de veces, principalmente a quien pudiera apantallar; la ocasión en que la cual intentó emular a un doble televisión y se aventó de un vehículo en movimiento pero no con los resultados deseados.

Esa tarde fatídica viajaba con su señora madre de aproximadamente 80 años y al ritmo de los Creedence Clearwater Revival entonaba en un mal inglés “Green River”, cuando entre el accidentado camino y sus recuerdos le propusieron la imprudencia de que podía volar, ocasionado que él y su madre dentro de la camionetita de redilas se precipitase en un barranco de mediana inclinación, a mitad de los gritos de la señora y sabiéndose dueño de la situación le indica a su madre:

! JEFA AGARRESE FUERTE… VOY POR AYUDA, NO SE PREOOOCUUUPEEEEEEE¡ 

Fue en ese momento que abrió la puerta y se lanzó fuera de la nave que hasta hace unos instantes creía que podía volar… y rodó, entre piedras y arbustos, hasta romperse la clavícula y obtener varios golpes en la cabeza que lo dejaron sangrando… minutos después su señora madre salió de la cabina de la unidad que se detuvo metros adelante por un árbol encontrándose en mejores condiciones ayudo a su hijo a salir del barranco, él en sus delirios aun siendo arrastrado por su madre repetía “espérese jefa voy por ayuda” a los lejos ya se oía otro éxito de los Creendence.

El así me lo dijo yo fui a escuchar en vivo al rey lagarto y eso ya lo convertía en mi ídolo, en el año del 1971 corrió despavorido junto con los estudiantes que sufrieron el halconazo mientras él estudiaba en la Preparatoria Popular Fresno, sus últimas correrías la resumió en un evento familiar cuando todos en su recuerdos se quejaban de lo mal que se la pasaron en su niñez, resumiendo todos los lamentos culmino con la sentencia: “déjense de mariconadas alguien siempre se tiene que sacrificar” esa noche al calor de las copas a sus 60 años volvió a bailar recordando su época hippie de nuevo sonaron los Credeence

De vuelta a su velorio su ataúd cercado por sinceros e hipócritas muchos recordando en buen plan sus viajes; viene a mi memoria su última recomendación: tienes que ir a Huautla a comer hongos sagrados y ahí voy de obediente, pero esa es ya otra historia.

Al final el Tío Gregory siempre fue la onda.

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