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Las dos banderas

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¡Atrás!, gritó colérica la bandera tricolor cuando vio que se levantaba delante de ella, en la trinchera proletaria, la Bandera Roja de los oprimidos.

 

¡Atrás, trapo infame: yo soy la bandera de la patria! La Bandera Roja onduló graciosa, bajo el sol espléndido, como movida por un soplo de gloria.

 

¡Atrás!, repitió la bandera tricolor. ¡Doblégate ante el emblema nacional!

 

La Bandera Roja desplegó sus ondas al viento con la gentileza de una muchacha que abandona a la brisa el encanto de su cabellera.

 

Yo represento el honor nacional: yo ...

 

¡Basta!, dijo la Bandera Roja. Lo que tú representas es la tiranía y la explotación. Eres la bandera burguesa, inventada por los burgueses y por los tiranos para que al defenderla el pueblo los defienda a ellos y a sus intereses cuando tengan necesidad de su auxilio. A tu sombra medra el aventurero de todos los países y sufre hambre y necesidad el mexicano.

 

¡Calla, blasfema!, gritó la bandera tricolor; al defenderme los mexicanos, defienden su honor y su libertad.

 

La Bandera Roja, abrillantada por el sol, mantenía su brío enérgico bajo el azul del cielo y era a la vez condensación de ansias, reto viril y promesas de libertad y de justicia.

 

¡Atrás, emblema de la canalla!, prosiguió loca de ira la bandera tricolor.

 

¡Alto ahí!, dijo resueltamente la Bandera Roja. La canalla es esa turba de levita que te inventó. Los mexicanos, al defenderte, no defienden su honor y su libertad, sino los intereses de sus verdugos. Como una prostituta has servido a todos los tiranos: cobijaste a Iturbide; bajo tus pliegues deshonrados se ocultó el crimen de Bustamante; prodigaste abrigo a Santa Ana; Márquez, Miramón y Mejía escondieron su traición bajo tu lienzo; el Imperio te adoptó por emblema; Porfirio Díaz esclavizó al pueblo a tu sombra; Madero traicionó la Revolución en tu nombre; Huerta te bendijo; Carranza te aclama. ¡Tú encubres el crimen, la explotación y la tiranía! ¿No eres tú la enseña de los esbirros que proyectaba su sombra siniestra en los campos de tormento del Valle Nacional y de Yucatán? ¿No fuiste el trapo en cuyo nombre se pasó a cuchillo a los obreros de Río Blanco? ¿Qué hiciste para evitar la hecatombe de Cananea? Yo, en cambio, soy la bandera del pobre, del desheredado, del desposeído de todo el mundo, y bajo mis pliegues se agrupan todos los trabajadores inteligentes y valerosos. Yo no reconozco raza ni color; todos los hombres son iguales para mí; soy el emblema de la justicia y de la libertad, y cuando triunfe mi causa, no habrá más guerras porque todos los seres humanos se considerarán hermanos.

 

El estruendo de los cañones y de la fusilería interrumpió la disputa verbal de las banderas.

(De Regeneración del número 208, fechado el 16 de octubre de 1915).

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