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Novela colectiva. Capítulo V

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Salieron del local de Lety, caminaban por la central mientras terminaban de planear el tan ansiado asalto. Urgía que cayera la noche, el golpe estaba muy bien pensado, o al menos eso era lo que el Tupa creía. Ya se veía con toda esa lana en mano, sintiendo esa adrenalina que lo recorre cada vez que un azul lo persigue.

Al regresar al “centro de operaciones”, el Masta pensaba muy seriamente si valía la pena vivir de esa manera, después de todo, ya eran “muchos los chingadazos recibidos”. Recostado en un catre rodeado de guacales y costales de frutas y verduras, recorría en su mente una y otra vez las palabras de Lety, mientras recordaba lo que es estar en la cárcel, ese lugar salvaje y feroz en el que no vale la pena caer.

El Gusano, el Masta y el Tupa estaban listos para ese gran robo. A las 00:00 hrs caminaban por los pasillos de la central.

-¿Están listos?, ya saben cual es el plan, ¡no se me apendejen!- dijo el Tupa, mientras se acercaban al cuartel de policía. Gusano temblaba, era la primera vez que robaría y eso lo tenía muy nervioso, pero todo marchaba bien. Llegaron a la estación de policías, el Tupa dio la señal de acceso y entraron en el cuartel.

–Aquí está Tupa, ¡ya chingamos!, aquí está la nómina- dijo el Masta mientras guardaba los sobres del dinero en una bolsa de plástico. ¡Ahuevo carnalito! A ver, vamos a buscar más, dijo el Tupa mientras abría los cajones de los escritorios. “¡Sólo papeles, vale madre! Pues, ya vámonos antes de que vengan los azules”. Justo antes de salir, la alarma se activó, los tres salieron por la ventana, los policías estaban cerca.

-¡Puta madre! Saquen sus pistolas, o estos culeros nos van  dar en la madre, gritó el Tupa mientras disparaba a un policía que venía atrás de él, el Masta corrió sin voltear atrás, el Gusano venía detrás de él, no se percataron que los puercos hirieron en la pierna al Tupa y lo apañaron, bueno, al menos la cárcel ya no era tan ajena a él, ya se la tenía recorrida.

-No mames pinche Gusano nos salvamos de la tira, ¿qué vamos a hacer con la lana?, no podemos ir a sacar al Tupa porque nos pueden agarrar, así que tú dirás, dijo el Masta. “Pues entonces hay que dividirlo entre nosotros 2, estoy de acuerdo en no ir a sacar al Tupa, yo no quiero caer en la cárcel, es un buen carnal, pero él ya conoce ese pinche lugar, y la verdad yo no quiero ir a conocerlo, supongo que nos tenemos que mover de aquí, ¿no?”.

–Yo agarro mi parte y me muevo de aquí Gusano, qué tal si nos busca la tira, yo la neta mejor me muevo, es una buena lana, toma tu parte y haz lo que quieras con ella.

El Masta caminaba a la central camionera pensando el rumbo que debía seguir, vino a su mente la Ciudad de México, era grande y ahí no lo encontrarían tan fácil, además quería comenzar un nueva vida. Venía ilusionado, pensaba en esas grandes oportunidades de vida, -en la ciudad se vive mejor, con todos los lujos y comodidades, además hay más oportunidades de trabajo, seguro nos irá bien Gusano.-

El camino era totalmente nuevo para ambos, Gusano era un trotamundos experimentado, por lo que no tenía problema con conocer nuevos territorios, explorar otros lugares, otros climas, otros sabores y olores, para ello vivía. Masta simplemente quería cambiar de aires, olvidarse de esos malos momentos que uno tiene que pasar cuando crece en el barrio. Por supuesto, ya comenzaba a extrañar la central, pensaba en el Tupa y cómo es que la estaría pasando, después de todo eran amigos desde chavos y habían pasado muchas cosas juntos, sentía gran culpa por dejarlo encerrado, pero esta vez ya no quería regresar a la cárcel.

Llegar a la ciudad de México por la Tapo está de locos, salir al metro otro poco, más si son las 9 de la mañana, mucha gente, todos con prisa, siempre sobre el tiempo, apresurados, aventándose, la ciudad está de locos, o al menos eso era lo que pensaba el Gusano, qué, a pesar de ser un trotamundos experimentado, a los pocos minutos de estar en la ciudad, ya se había fastidiado, no soportaba tanta gente, esto era más de lo que había pensado, pero seguía adelante, de alguna manera confiaba que este era un buen momento para dar un giro radical a su vida.

Caminar por el centro es caminar en el tiempo, rodeado de grandes y viejos edificios, gente corriendo, autos, tráfico, contaminación, basura, fauna nociva, vendedores ambulantes, borrachines, policías, militares, decía el Masta mientras recorrían las calles de la gran ciudad. – Definitivamente no era lo que esperaba, aquí está cabrón, se ve que la vida está muy pesada, pero no hay marcha atrás carnalito, decidimos estar aquí y aquí seguiremos, firmes caminando de frente, además, la esperanza muere al último ¿qué no? - “Ahuevo mi Masta, tienes toda la razón, esta enorme ciudad tiene grandes sorpresas para nosotros, de eso estoy seguro, aunque la neta, me siento mal por habernos olvidado del buen Tupa, tan a toda madre que es ese cabrón, ya llegará el día en el que regresemos a buscarlo, esperemos que ya haya dejado esa terca idea de que la vida sólo funciona a chingadazos….

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