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Novela colectiva. Capítulo IV

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No mames, pinche Tupa con tu cantaleta de siempre, ¡este mundo sólo funciona a chingadazos! Mira que está cabrona la situación, y si te chingan no te queda otra que devolver el chingadazo, ¿pero tiene que ser de esa manera? Ya bájale a la rateada que a nada bueno te lleva, o que ¿a poco ya te gusto el bote pa vacaciones de Navidá? Aunque me late que tú ya no tienes remedio, ¡pero este pobre! Su estrenada en el bote…

 

Le reñía como siempre lo hacia la Lety, esa morena regordeta de labios gruesos y pechos grandes y firmes que invitaban al descanso, a la paz a conciliar el sueño después de esas corretizas y avatares que eran el pan de cada día. No podía dejar de verla extasiado el Masta, como le recordaba su humildísimo hogar allá en la sierra, que aunque muy pobre nunca le faltó el cariño y las reprimendas de su madre, que quién sabe en estos momentos como le estaría haciendo para seguir adelante…

 

¿Qué Masta por qué tan pensativo? ¿A poco te hacen mosca los regaños de la Lety? Con ésta aguas mi buen, no te creas que es como la Fer, esta es de una sola pieza, bien entrona cuando se trata de trabajo ¡y de estar chingando! Empezó vendiendo tamales aquí afuera del mercado y mírala ahora con fonda y toda la cosa, ¡vieras qué buen mole de olla hace! ni modo güey, si queremos probarlo tenemos que aguantar sus regaños y como nunca me cobra, pus tu nomás dile que sí a todo.

 

A todo quisiera decirle que sí a esa mujer, pensó el Masta, la verdad ya estaba hasta la madre de tan mala vida, tantito su mala suerte, su pobreza, su ignorancia y su ficha en el penal, que lo que él quería ya no era queso, sino salir de la ratonera.


Y tú Masta, ¿qué vas a hacer ahora que saliste de la peni? ¿Te va a volver a dar “empleo” el Tupa? Porque este cabrón siempre tiene jale, quiero verlo el día que amanezca por ahí encuerado, todo tieso nomás porque lo alcanzaron los azules y esta vez no se la perdonaron, ¿verdad Tupa? ¡Ya ni la haces! ¡Ni porque tu viejita se partió el lomo por verte salir de este hoyo! Machacaba la Lety con más fuerza.


Ya mi Lety, le decía el Tupa, que me va a hacer daño el caldito que esta rebueno, aquí mi hermano está pensando seriamente en buscar algo formal ¿no ves la cara de mustio que te pone?

 

Pues más le valdría, aunque sea con la lira entrarle al trabajo honesto, he ir pensando qué hacer de su vida…

 

Ahora sí mi buen Masta, barriga llena, ¿corazón que hacemos?


No mames pinche Tupa, ¡si se lleva, se aguanta!, le contestaba el Tupa por mera costumbre de seguirle el juego en sus albures, pero la verdad es que tenía la mente fija en la Lety, en sus pechos acogedores, en sus manos mágicas capaz de hacer tan deliciosos caldos, hasta en su carnosa boca, que aunque vociferaban puros regaños y amenazas, invitaban a cambiar.

 

¿Será que de verdad la vida sólo funciona a chingadazos?

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